Paraguay mira más allá del grano: el gran desafío es industrializar lo que ya tenemos
Con una proyección de hasta 11,5 millones de toneladas de soja, la industria procesadora enfrenta el reto de aprovechar mejor su capacidad instalada. Desde CAPPRO advierten que el volumen, por sí solo, no alcanza: la clave está en competitividad, reglas claras y una política industrial que impulse el valor agregado.
Paraguay cuenta hoy con una capacidad de molienda cercana a 4,2 millones de toneladas anuales, aunque en los últimos años solo se utilizó entre el 60% y 70% de ese potencial.
Para el presidente de la Cámara Paraguaya de Procesadores de Oleaginosas y Cereales (CAPPRO), Raúl Valdez, una mayor cosecha puede estimular el uso de esa capacidad, pero no garantiza un cambio estructural.
“El desafío no es solo moler más cuando hay abundancia, sino consolidar un entorno que permita operar cerca del máximo de capacidad instalada de manera estable en el tiempo”, afirmó.
Una campaña récord abre la posibilidad de incrementar el procesamiento local utilizando plantas ya existentes y hoy ociosas. Pero, desde el sector advierten que, para que ese escenario sea sostenible, se requieren medidas concretas que fortalezcan la competitividad de la industria nacional.
Uno de los puntos centrales es el tratamiento del IVA aplicado a los productos industrializados de exportación. Según CAPPRO, corregir esas distorsiones permitiría optimizar el uso de la capacidad instalada sin necesidad inmediata de nuevas inversiones.
Más allá del corto plazo, Valdez planteó una oportunidad estratégica: avanzar hacia una mayor integración de la cadena, con más harina para producción animal, más aceite destinado a biocombustibles y un mayor desarrollo de derivados industriales.
“El desafío no es solamente moler más soja, es construir una política industrial coherente que incentive ese salto”, expresó.
El freno de la competitividad
Entre las principales limitaciones para industrializar más soja, el sector identificó el impacto del esquema tributario y es la no devolución plena del IVA a los productos industrializados exportados encarece los precios paraguayos en los mercados internacionales y reduce la competitividad frente a países vecinos.
A esto se suman desafíos estructurales, como menores economías de escala y desventajas logísticas respecto a competidores que operan con mayores volúmenes y acceso directo a puertos marítimos.
Desde CAPPRO insisten en que, sin reglas claras que no penalicen el valor agregado local, el margen para crecer seguirá siendo limitado.
Primero usar lo que ya existe
Si bien un volumen récord es una señal positiva, Valdez dijo que no alcanza para acelerar nuevas inversiones en plantas o ampliaciones.
“Antes que expandir, el desafío es utilizar al máximo la capacidad ya instalada, de manera sostenible y continua”, dijo.
Y mencionó que recién cuando el país logre operar cerca del pleno uso de esa capacidad en un entorno competitivo y estable, tendrá sentido pensar en ampliaciones.
Un salto cualitativo para el país
Industrializar una mayor parte de la soja no solo tendría impacto sectorial, sino que podría redefinir el perfil exportador del país.
Y para el presidente de la CAPPRO, el procesamiento local es clave para generar más empleo, mayor valor agregado, innovación y una matriz exportadora más resiliente.
“Cada tonelada que se procesa localmente multiplica el efecto económico respecto a una tonelada exportada como grano”, remarcó Valdez.
Finalmente en ese contexto, mencionó que Paraguay enfrenta una oportunidad estratégica, no limitarse a producir más, sino avanzar hacia una nueva etapa agroindustrial basada en transformación, bioeconomía y desarrollo sostenible.
Fuente: Forbes Paraguay, https://www.forbes.com.py/macroeconomia/paraguay-mira-mas-alla-grano-gran-desafio-industrializar-lo-ya-tenemos-n86256