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Noticias - 05-06-26

En un escenario global dinámico y cargado de volatilidad, el sector agroindustrial paraguayo se encuentra ante una encrucijada estratégica: consolidarse como un proveedor global de alimentos procesados o seguir expuesto a los vaivenes de la región.

En rueda de prensa brindada durante la Feria Empresarial Paraguay (FEPY 2026), el presidente de la Cámara Paraguaya de Procesadores de Oleaginosas y Cereales (CAPPRO), Raúl Valdez, desglosó la realidad de un sector que tiene todo para ganar, siempre y cuando se diseñen los estímulos correctos.

El enfoque central de su análisis no deja lugar a dudas: CAPPRO, al aglutinar a compañías internacionales con un despliegue global arraigado, funciona como el puente definitivo entre el esfuerzo del productor local y las góndolas del mundo entero.

Del campo paraguayo a más de 40 mercados

La ecuación es simple pero contundente. Cuando el Paraguay exporta soja en estado natural, su horizonte se achica: el 80% del grano bruto se concentra en mercados regionales, principalmente Argentina. Esta dependencia genera una enorme vulnerabilidad, atando el destino del productor local a las decisiones cambiarias, tributarias o políticas de los vecinos.

Aquí es donde el rol de CAPPRO se vuelve estratégico. Gracias a que la cámara congrega a multinacionales con presencia en los cinco continentes, la industrialización se convierte en el pasaporte de diversificación que el país necesita.

  • Rompiendo la dependencia: Al procesar el grano y transformarlo en harina de alta concentración proteica y aceite, el producto paraguayo rompe las fronteras regionales.
  • Acceso diversificado: La red global de las empresas de CAPPRO permite que la soja paraguaya, ya industrializada, tenga acceso directo a más de 40 mercados internacionales.
  • Soporte de precios: Este despliegue global permite aprovechar el excelente momento de los precios del aceite de soja, impulsado por la demanda mundial de biocombustibles en gigantes como Brasil y Estados Unidos.

El dilema del 70/30 del agregado de valor

A pesar del enorme potencial de este puente global, las cifras actuales revelan una asimetría que frena el desarrollo nacional. Valdez fue tajante al describir la foto actual de la producción: el 70% de la soja paraguaya se exporta aún en estado natural, mientras que solo el 30% restante pasa por las industrias locales.

"Necesitamos definitivamente tener el set de estímulos inteligentes que permitan incrementar, primero, utilizar toda la capacidad que hoy ya está instalada y no está siendo utilizada (solo el 70% de la capacidad instalada se está aprovechando)".

 

Para CAPPRO, el verdadero partido se juega en la verticalización del valor agregado. El objetivo no es solo moler el grano, sino transformar esa proteína vegetal en desarrollo económico tangible:

  • Proteína animal: Convertir la harina de soja en el motor de un hub regional de producción de carne de cerdo y aves con trazabilidad y sustentabilidad de estándar internacional.
  • Independencia energética: Transformar el aceite de soja local en biodiesel, un combustible verde y renovable que ya es una realidad tecnológica en el transporte paraguayo.

Shocks externos y el "escudo" logístico

Paraguay no es una isla, y los conflictos geopolíticos en Medio Oriente o Europa impactan directo en el bolsillo local a través del encarecimiento de fertilizantes y combustibles fósiles.

Para un país mediterráneo, el flete (tanto terrestre como fluvial) es una variable crítica que puede borrar de un plumazo la competitividad.

Ante esto, Valdez propone dejar de ser meros espectadores de la coyuntura:

  • Mesa de Monitoreo Nacional: CAPPRO plantea la urgencia de crear un espacio técnico público-privado para prever, prevenir y suavizar los shocks externos en los costos logísticos.
  • Optimizar la hidrovía: Si bien Paraguay logró convertir sus ríos en un activo estratégico de bajo costo, los vaivenes internacionales exigen una dosis extra de creatividad y resiliencia para defender los precios locales en el mercado internacional.

Estímulos inteligentes para nivelar la cancha

El optimismo para este año es moderado. Aunque se espera una molienda positiva que replique los niveles del 2025 (superando las 3 millones de toneladas y rondando un 70% de uso de la capacidad), el techo sigue estando bajo debido a la falta de políticas espejo en comparación con los competidores de la región.

El principal reclamo del sector apunta a una cancha inclinada en términos tributarios:

  • Sin diferenciación impositiva: A diferencia de Brasil o Argentina, Paraguay no cuenta con una estructura fiscal que premie la exportación de productos industrializados frente al grano en bruto.
  • El avance del biodiesel: Si bien se celebra la nueva Ley de Biocombustibles —que faculta elevar la mezcla obligatoria de biodiesel de soja del 5% hasta un tope del 20%—, la industria señala que los beneficios fiscales aún no logran derramarse de manera efectiva a lo largo de toda la cadena hasta llegar al productor.

El puente internacional está construido y operativo gracias a la estructura global que aportan las empresas de CAPPRO.

Sin embargo, para que el derrame económico sea exponencial, Paraguay necesita una política agroindustrial transversal. Solo así se logrará que el principal motor agrícola del país deje de enviar materia prima al exterior y empiece a exportar trabajo e innovación paraguaya al mundo entero.


Fuente: CAPPRO, https://cappro.org.py

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