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Noticias - 04-05-26

La canola y el girasol comienzan a consolidarse como opciones complementarias dentro de los esquemas de rotación de cultivos, junto a los cereales más extendidos como el trigo, aportando diversificación y nuevas oportunidades para la industria.

Datos del sector productivo indican que durante las últimas campañas, la canola ha logrado posicionarse como un importante cultivo de invierno, alcanzando una superficie cercana a las 60.000 hectáreas, con unos 1.000 productores, pero con antecedentes incluso de haber llegado a 90.000 hectáreas. Su integración al sistema productivo ha permitido mejorar la conservación de los suelos y generar materia prima adicional para la industria aceitera, con un alto porcentaje de procesamiento local.

Por otra parte, el girasol muestra señales de reactivación, con una superficie que se ubica en torno a las 25.000 hectáreas. Si bien su participación sigue siendo reducida, el cultivo presenta condiciones favorables en términos de costos y adaptabilidad, lo que ha despertado un renovado interés entre productores.

Ambos cultivos se desarrollan principalmente en las zonas agrícolas tradicionales de la Región Oriental como Alto Paraná, Itapúa, Caaguazú y Canindeyú, y son impulsados en su mayoría por productores medianos y grandes que integran esquemas agrícolas empresariales.

En términos industriales, la canola presenta un mayor grado de integración, con una proporción significativa de la producción destinada al procesamiento local, principalmente para la obtención de aceite, mientras que el girasol mantiene un esquema más flexible, combinando industrialización interna con exportaciones de grano, según las condiciones del mercado.

No obstante, el desarrollo de estos cultivos enfrenta desafíos importantes. La competencia directa con la soja —especialmente en el caso del girasol—, la volatilidad de los precios internacionales, la limitada escala productiva y la menor profundidad de mercado son factores que condicionan su expansión. A esto se suman aspectos técnicos, como la necesidad de mayor disponibilidad de materiales genéticos adaptados y la exposición a riesgos climáticos.

A pesar de ello, tanto la canola como el girasol ofrecen ventajas importantes. En el caso de la canola, su aporte a la rotación y a la sanidad del suelo la posiciona como un cultivo estratégico. El girasol, por su parte, destaca por sus menores costos relativos y su potencial en ambientes productivos más restrictivos.

El impulso a estos rubros ha provenido principalmente del sector privado, a través de la inversión en tecnología, asistencia técnica e integración industrial, mientras que desde el ámbito público se han promovido iniciativas orientadas a la diversificación productiva.

En esta coyuntura, la canola y el girasol se perfilan como cultivos con potencial de crecimiento, aunque su consolidación dependerá de la capacidad de ampliar su escala, fortalecer los mercados y continuar integrándose a la cadena agroindustrial. Su desarrollo apuntar a complementar el cultivo de soja, contribuyendo a un sistema productivo más diversificado y resiliente.


Fuente: CAPPRO, https://cappro.org.py

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